Religión de Hitler

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Religión
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Fuente: A pesar de sus orígenes cristianos, Hitler demostró públicamente que no tenía ninguna creencia.
Nombre completo
Hitler
Nacionalidad

Las creencias de Hitler en detalle

La religión de Adolf Hitler sigue siendo una de las cuestiones históricas más debatidas del siglo XX. Nacido el 20 de abril de 1889 en Braunau am Inn, en Austria-Hungría, procedía de una familia católica. Fue bautizado en la Iglesia Católica Romana y nunca salió de ella oficialmente. Incluso continuó pagando el impuesto religioso hasta su muerte, el 30 de abril de 1945, en Berlín.

Sin embargo, su relación personal con el cristianismo es mucho más compleja. A lo largo de su vida, Hitler oscilaba entre declaraciones públicas de apego al cristianismo y un rechazo privado de la doctrina cristiana tradicional. Hoy en día, la mayoría de los historiadores consideran que tenía raíces culturales católicas, pero que no era un cristiano sincero en el sentido doctrinal del término.

En público, Hitler utilizaba con frecuencia un vocabulario cristiano por razones políticas. En privado, en cambio, parecía mantener una visión muy hostil hacia el cristianismo tradicional. Varios historiadores incluso estiman que contemplaba, a largo plazo, suprimir el cristianismo en Alemania o transformarlo profundamente al servicio de la ideología nazi.

Una educación católica abandonada y luego utilizada políticamente

Adolf Hitler fue bautizado católico a los 22 días de vida en la catedral de Braunau. De niño, también frecuentó el coro de la abadía benedictina de Lambach. En aquella época, incluso habría considerado brevemente una vocación religiosa.

Sin embargo, ya desde la adolescencia, se fue alejando progresivamente de la práctica católica. Su evolución estuvo influenciada especialmente por el nacionalismo pangermanista y por corrientes políticas anticlericales.

Más tarde, al inicio de su carrera política, Hitler volvió a emplear un lenguaje religioso. Comprendió que la religión seguía siendo central en la sociedad alemana. Para movilizar al electorado, adoptó por tanto un discurso compatible con la sensibilidad cristiana mayoritaria.

En Mein Kampf, publicado en 1925, presenta el catolicismo y el protestantismo como bases religiosas aceptables para el pueblo alemán. Sin embargo, plantea una condición clara: las Iglesias no deben oponerse al Estado ni intervenir en los asuntos políticos.

Esta postura pública no refleja, no obstante, todo su pensamiento. Según numerosos historiadores, oculta una hostilidad más profunda hacia el cristianismo tradicional.

El Partido Nazi introdujo especialmente la noción de «cristianismo positivo» en su programa de 1920. Esta ideología pretendía adaptar el cristianismo a la visión nazi. Rechazaba el Antiguo Testamento, negaba el origen judío de Jesús y presentaba a este último como una figura aria opuesta a los judíos.

Esta construcción, defendida entre otros por Alfred Rosenberg, no es considerada una fe cristiana sincera. Los historiadores ven en ella más bien un intento de instrumentalizar la religión para ponerla al servicio del nazismo.

Un cristianismo público, pero un rechazo privado

El consenso histórico actual describe por tanto a Hitler como profundamente ambivalente frente al cristianismo. Historiadores como Ian Kershaw, Laurence Rees o Richard Weikart subrayan esta contradicción entre sus discursos públicos y sus declaraciones privadas.

En público, Hitler se presentaba regularmente como cristiano. Esta estrategia respondía a un objetivo político evidente. En la Alemania de los años 1920 y 1930, más del 95% de la población se declaraba cristiana. Un dirigente abiertamente ateo o anticristiano habría tenido muchas más dificultades para conquistar el poder.

Hitler afirmó en particular su identidad cristiana en su discurso del 12 de abril de 1922. Posteriormente mantuvo esta línea en su comunicación política. Este posicionamiento le permitió tranquilizar a una parte de los católicos y protestantes alemanes.

En privado, sin embargo, sus declaraciones recogidas por sus allegados ofrecen una imagen muy diferente. Joseph Goebbels señala ya en 1931 en su diario que Hitler desea abandonar la Iglesia Católica, pero que espera «el momento oportuno».

Otto Wagener, otro confidente de Hitler, también recoge declaraciones muy alejadas de la fe cristiana tradicional. Hitler habría cuestionado en particular la Resurrección de Cristo, uno de los fundamentos centrales del cristianismo.

Según varios testimonios, Hitler pensaba también que el cristianismo acabaría por derrumbarse ante el progreso de la ciencia. Consideraba que el nacionalsocialismo y la religión cristiana no podrían coexistir de manera duradera.

Por esta razón, varios historiadores concluyen que Hitler quería, a largo plazo, debilitar o eliminar el cristianismo en Alemania. En su defecto, habría buscado transformarlo en profundidad para hacerlo compatible con la ideología nazi.

El régimen nazi firmó no obstante un Concordato con el Vaticano en 1933. Pero ese acuerdo fue rápidamente violado. Los nazis cerraron instituciones católicas, persiguieron a los católicos opuestos al régimen y encarcelaron a miles de sacerdotes y religiosos en los campos de concentración.

Las persecuciones también afectaron a otros grupos religiosos. Los judíos fueron víctimas de una política de exterminio basada en la ideología racial nazi. Los Testigos de Jehová fueron igualmente reprimidos por su negativa a jurar lealtad al régimen y a participar en el esfuerzo militar.

¿Cuál es la religión de Hitler?

Hitler es Ateísmo. Esta información ha sido oficialmente confirmada.

¿Cuál era la religión de Hitler?

En resumen, Hitler era católico por bautismo y por pertenencia administrativa. Pero, a nivel personal e ideológico, su relación con el cristianismo era hostil, oportunista y profundamente alejada de la fe cristiana tradicional. Se considera que no tenía ninguna religión.